BIANCHI, el color romántico.

Pocas bicicletas son reconocidas (haciendo vista gorda), en un pelotón repleto de colores. Con más de un siglo en el ciclismo mundial, las bicicletas Bianchi son una pincelada exclusiva entre los grupos de corredores. Un tono claro, pero no pálido, semejante al verde espuma de mar, que ha cambiado de matices con el correr de los años. Te invitamos a conocer un poco más sobre la firma más longeva en actividad.

A fines del siglo XIX, un joven milanés apasionado por el nuevo vehículo llamado bicicleta, decide abrir un pequeño taller en pleno centro de su ciudad natal. Este joven, tan entusiasta como visionario, con el paso de sus primeros años logra llevar su trabajo desde sectores populares hasta los más altos, como lo era la monarquía italiana. Él era Edoardo Bianchi (1864–1946), fundador en 1885 de Bicicletas Bianchi. Fabricante, mecánico, innovador, empresario, y un sin fin de adjetivos engloban a este gran personaje de la historia del ciclismo.

Su espacio comenzó en la calle (o ‘via’) Nirone al nº7. Nombre que actualmente lleva con orgullo uno de los modelos de bicicletas de ruta Bianchi (Via Nirone 7 Claris o Via Nirone 7 Sora) Se cuenta que no fue un simple taller, ya que Edoardo siempre fue más allá de la mecánica general de los birodados. En este lugar fabricó, diseñó y patentó muchos inventos que hoy en día son el ABC de las bicicletas. Ruedas simétricas de madera, la popular cubierta con cámara interna Dunlop, el freno delantero, o la transmisión a cardan fueron de las más conocidas.

Con diez años en el rubro, la reina Margarita desea conocer este empresario, agudo de ingenio y visionario deportivo, citándolo a la corte de la Villa Real de Monza. Le encomienda fabricar una bicicleta exclusivamente para ella, y así pueda aprender a maniobrar el novedoso vehículo que sólo las clases altas tenían el gusto de experimentar. Y es aquí donde el romanticismo florece. Se ha citado que a Edoardo, el color de ojos de la reina fue lo que lo mantuvo en vigilia prácticamente todo el período que le tomó fabricarle su bicicleta. Astuto y un tanto ciego de amor, le entregó en manos su birodado pintado a tono con ese color indescifrable.

Incontables citas se han escrito sobre el nacimiento del celeste tan particular de las bicicletas Bianchi. Citas al punto de ser contradictorias en el tiempo. Ninguna de ellas comprobada al 100%. Algunas versiones hablan de una mezcla de sobrantes de pintura de material bélico en la Primer Guerra Mundial, o el color del cielo milanés en una determinada época del año. El tono ha cambiado a lo largo de los años, a veces más azul, o más verde, sin excluir otros colores en su paleta al momento de presentar nuevos modelos (negro, blanco, gris, plata, etc).

Hace tan sólo unas décadas atrás, ya siendo parte del grupo sueco Cycleurope AB (el mayor grupo de compañías y marcas de alta gama), Bianchi USA lanza una campaña nombrada como ‘The ugly truth’, o ‘La fea verdad’, incitando a votar a cientos de miles de clientes sobre si mantener este feo color, o sustituirlo en sus próximos lanzamientos. Los resultados fueron prácticamente unánimes, y así los tonos en relación al Celeste #332 en la escala Pantone, se mantienen hasta el día de hoy.

Artículo aparte, deberíamos de escribir nombrando el largo listado de aportes al ciclismo que Bianchi ha sembrado. Desde las innovaciones a fines del S.XIX citadas previamente, al aporte y desarrollo del MTB, la fabricación de bicicletas plegables simil-MTB para el ejército italiano en la Primera Guerra Mundial, o la incursión en el mundo automovilístico desde un principio como negocio paralelo. Un palmarés en ciclismo de ruta o montaña, digno de envidiar, pero en escala con la enorme trayectoria de la marca.

Bastaría con visitar cualquiera de nuestras tiendas para apreciar a primera vista, la calidad de sus bicicletas y accesorios relacionados, siempre marcados por este color tan especial.

Larga vida para la Celeste…

Santi Montañés.

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